"Temperamento Musical y
Literario de Arrigo Boito"
Por Alfredo Canedo
Con alguna u otra excepción,
para los melómanos de inicios del siglo XIX, la musicalización del drama
literario ponía en peligro el rango vital de la ópera; razón por la cual
el libreto hubo de convertirse en asunto accidental o de poca o ninguna
importancia. Pero muy pronto, casi a mediados de la centuria, ese criterio
perdería gravitación y sustento en virtuosos libretos operísticos sobre
las mejores producciones literarias de Torcuato Tasso o Giovanni Battista
Guarini, ya, más acá, los de Gustave Baudelaire, Alejandro Dumas (h) y
Edgar Allan Poe.
Es difícil documentar la
influencia de los repertorios de Arrigo Boito en la música operística
cuando su vida intelectual no ha sido suficientemente analizada; un
motivo, al azar, sus escritos para ópera no están más allá de la
enumeración de nombres y fechas, pues, muchos de los cuales son todavía
inaccesibles a investigadores y musicólogos si no dormidos en anaqueles de
bibliotecas.
Lo cierto que este
meritísimo poeta italiano profesó un meritorio apego a la unidad, además
del complemento de la literatura a la música, y que fue por Giuseppe Verdi
considerado el hombre capaz de poner al alcance de los sonidos y
las
tonalidades
asuntos del corazón humano.
Cuando joven ingresó, a
instancia de su madre la condesa polaca Josephine Radolinska, en el
Conservatorio de Milán, donde recibiera lecciones de composición, piano y
violín del maestro Alberto Mazzucato, años más tarde director de la
orquesta de la Scala de Milán. Durante su paso por el Conservatorio,
compuso en colaboración con el colega de estudios y futuro director
orquestal Franco Facción sus primeras obras cantadas ‘Le sorelle
d’Italia’,
‘Do mi
sol...la do mi’ y ‘Oda
all’arte,
además de un breve poema musical sobre episodios de la creación goethiana
‘Mefistòfenes’. Y cuando egresado del
mismo, se familiarizó con la música de célebres compositores alemanes,
preferentemente la del genial Richard Wagner; a punto que en la Italia de
entonces constituyóse en firme propagandista del arte
wagneriano.
Sus aficiones predilectas a
la literatura fueron animadas muy especialmente por Víctor Hugo, a quien
frecuentó durante largas excursiones a París. Y desde entonces, estuvo
entregado de lleno a escritos poéticos para ser puestos en música por
directores de escena; al caso, sus tempranos poemas a la altura de la
romántica literatura italiana ‘Il libro de
versi’ y
‘Un
tramonto’,
además de las fábulas en ‘Re orso’. Habían de seguir a
esas obras, el ensayo ‘Mendelsshon in
Italia’, y
numerosos artículos de crítica musical publicados en la prensa romana,
después de su fallecimiento 10 de junio de 1918, luego recopilados por el
milanés Giovanni de Rensis en ‘Critiche e cronche
musicales’.
Escribió también los repertorios de la óperas ‘Nerone’, ‘Simon
Bocanegra’
y ‘Ero e
Leandro’,
este último por encargo del director y composición de Parma Giovanni
Bottesini, asimismo, tradujo del alemán al italiano las obras de Wagner
‘Rienzi’, ‘Tristàn e
Isolda’ y
el oratorio ‘Das Liebes mahl der
Apostolen’,
màs algunas breves narración periodísticas sobre la música de Robert
Schumann y Carl Friedrich Zelter.
Uno de sus destacados
libretos, si no el más relevante, fue ‘Otelo’, originalmente bajo el
seudónimo ‘Tobías Gorrio’
(anagrama
de su nombre y apellido), escrito para su íntimo amigo Giuseppe Verdi,
quien entre colegas solía decir de las calidades literarias del libretista
:
"...Si tuviera treinta años
menos, mañana comenzaría una nueva ópera, siempre que Boito suministrase
el libreto..."
(Tommasini, Víctor.
‘De la ópera a
la moderna técnica musical’)
Como sugería Verdi, el
libreto para ‘Otelo’ fue con mucho el mejor que
jamás hubiera utilizado. Su temperamento nunca conformista le había
llevado más de una vez a formular sugerencias a uno u otro pasaje del
libreto, que Boito aprovechó de algunos; pero la concepción pertenecía al
libretista, también la construcción y la belleza de los versos. Y a la
par, lo aventajado en el libreto; el rápido desarrollo de los parlamentos
shakespereanos para dar tiempo a la música a expandirse en los pasajes
líricos; la condensación en un aria del ‘Credo’ de Yago, burlándose de
la honestidad y la virtud; la descripción de la desconcertada e inocente
Desdémona, y la devastadora arrogancia del celoso Otelo.
El libreto de
‘Falstaff’, última ópera
‘verdiana’, por Boito concluido cierto
día de julio de 1889. Verdi veraneaba en Montecatini cuando recibió por
correo el libreto de aquel, quien por entonces mantenía una turbulenta
relación amorosa con Eleonora Duse, actriz del elenco operístico del
Teatro de La Scala de Milán. Hubo un cruce de cartas entre compositor y
libretista a propósito de la obra. Boito por su lado:
“…No creo que componer una
ópera cómica lo fatigue. Una tragedia provoca verdadero sufrimiento en un
compositor, el pensamiento origina un dolor que agita enfermizamente
los nervios. Pero la broma y la risa de una comedia alivian la mente
y el cuerpo (...) Una sonrisa agrega un hilo a la red de la
vida..."
(Colombani, Atilio.
‘La ópera en el
siglo XIX’)
De seguido, por vuelta de
correo, la misiva con palabras acertadas e ingeniosas del maestro
milanés a Boito:
"... Querido
Boito:
Amén; ¡ y así sea!
Entonces, ¡hagamos Falstaff! ¡No pensemos por ahora en los obstáculos, en
mi edad y en mi enfermedades! Pero deseo que el asunto se mantenga en
el más profundo secreto; una palabra que subrayo tres veces para
indicarle que nadie debe saber una palabra del
asunto.
Pero espere... ¡Creo que
Peppina lo sabía incluso antes que nosotros! (...) no se preocupe, ella
conservará el secreto; cuando las mujeres tienen talento para los
secretos, esa cualidad incluso es màs sólida que en
nosotros..."
(Ibidem)
Le llevó la redacción del
libreto un promedio de quince horas diarias durante algo más de tres
meses, concentrado tanto en la redacción del mismo así también en lecturas
de las obras completas de William Shakespeare; aunque su mayor esfuerzo en
aplicar acentos italianos a palabras inglesas como ‘Falstaff’,
‘Norfolk’
y ‘Windsor’, tal cual hiciera público
en su diario íntimo (1) Por lo demás, utilizó el
libreto exactamente como Shakespeare
había escrito la comedia.
Según la anécdota, cierta
noche de noviembre de 1890, luego de la exitosa presentación de la ópera
‘Falstaff’ en la Scala, Verdi
ofreció a Boito una cena en el hotel de la ciudad. Entre los invitados, el
editor de música Giullo Ricordi y la segunda esposa del compositor y ex -
alumna del Conservatorio de Milán Giuseppina Strepponi, quien, puesta de
pie, dijo:
"...Brindo por Boito, por su libreto, por su estirpe de poeta, por todo
lo que él junto a Verdi han
dado a la música universal..."
(Gallignani, Carlos.
‘Arrigo
Boito’)
Imposible formular un
cumplido más cabal en elogio al talento del libretista y poeta Boito; a
punto que en sus aniversarios de nacimiento y muerte los italianos aún
exaltan su imborrable figura de intelectual y músico.
(1) Chislanzoni, Augusto.
‘Arrigo Boito,
el poeta’ |