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El
proceso creativo y su función social
Isabel
Petry Kehrwald
Magíster y doctoranda en Educación por la
UFRGS
Profesora Adjunta de la FUNDARTE / UERGS.
Coordinadora del Polo FUNDARTE del Proyecto Arte en la Escuela.
En Revista de la FUNDARTE, Ano II, Vol. II, No.4. RGS,
Brasil, 2002.
Traducción: Élcio R. de Sá
“Crear significa poder
comprender e integrar lo comprendido en un nuevo nivel de conciencia.
Significa poder condensar el nuevo entendimiento en términos de lenguaje
[...]. Así, la creación depende tanto de convicciones internas de la
persona, de sus motivaciones, cuanto de su capacidad para usar el lenguaje
en el nivel más expresivo que pueda alcanzar. Este hacer es acompañado de un
sentimiento de responsabilidad, pues tratase de un proceso de
concientización.”
Fayga Ostrower (1990,
p. 253)
La importancia de los
estudios respecto a la creatividad se inicia en la constatación de que el
ser humano construyó a sí mismo y el mundo alrededor a través del proceso de
crear y recrear ideas, objetos y eventos. Ser creativo no es solamente una
potencialidad, también es una necesidad humana y hace parte de la naturaleza
peculiar de hombres y mujeres desde el nacimiento.
El estudio del proceso
creativo ha posibilitado la comprensión de sólo algunos de sus múltiples
aspectos. Su desvelo intriga a investigadores de todos los campos del
conocimiento y se presenta, todavía en el siglo XXI, como un área en
abierto. Por largo tiempo ha sido entendido como un don, un talento,
otorgado por una esfera mítica y sólo recientemente ese innatismo fue
sustituido por conceptos que apuntan hacia la posibilidad de que todos y
cada uno, en particular, pueden desenvolverse creativamente, sea por las
experiencias del día-a-día, sea a través del esfuerzo personal, o sea por la
educación formal e informal.
Es común asociar
creatividad con crear, renovar, redefinir, dinamizar, progresar,
flexibilizar, intuir, descubrir, auto desarrollarse, realizar con
originalidad y otras designaciones que apuntan hacia la divergencia, la
búsqueda de lo nuevo y de la acción diferenciada.
Cupertino (1998)
entiende que nuestro deseo, al pretender desarrollar la creatividad, es la
apertura personal a la pluralidad, a la consideración de que lo qué es puede
ser diferente, y que actitudes de descentralización y extrañeza son
fundamentales para ampliar el ámbito de las experiencias. En este sentido,
es importante crear condiciones para la diversidad, despojarse de actitudes
etnocéntricas y disponerse, internamente, para la experimentación de otras
posibilidades que no aquellas a las cuales estamos acostumbrados.
Si por un lado el
estímulo a la individualidad y a la subjetividad deben ser valorados, por
otro, es necesario tomar en cuenta el pensamiento crítico social
contemporáneo, para el cual una acción sólo si legitima a través del
compartir el saber. Por ese enfoque, entendemos que el proceso creativo irá
a construir su sentido y significado en el terreno del social.
Pensar en esta
relación creatividad / sociedad es pensar en la escuela y en las prácticas
pedagógicas que conciben la creatividad con un formato individual y fuera de
contexto, señalado por Silva (1994), como una manera de desconsiderar las
construcciones de un sujeto socio histórico. La autora observa la ausencia
de un clima en el salón de clase que “facilite” el desarrollo creativo,
paralelo a un ambiente escolar que contribuya para comprender la práctica
creativa como una práctica social necesaria e importante para poner en
evidencia las “personalidades de un grupo”.
En la misma dirección
apunta Hernández (2000, p. 85), al comentar que “si la creatividad es un don
individual, la enseñanza del arte no es necesaria”, y sigue alegando que
esta mitificación concurre para distorsionar la función del arte en la
educación, pues esa idea lleva al entendimiento de que la educación tiene
una importancia marginal para la formación artística de las personas,
generando consecuencias negativas en lo que si refiere al grado de
valoración social que se da al arte y a los artistas. En la cola de ese
concepto se extiende el que formateamos sobre lo que sea el acto de crear:
si es un talento innato, en el cual la educación poco puede interferir, o si
es un proceso singular, tramado con y en el tejido social y que se instala y
se expande a la medida en que se construye.
Una revisión de la
literatura sobre el tema identifica que las teorías son recientes –
divulgadas a partir de 1950-, década en que se intensificaron los estudios
sobre la creatividad, entre los cuales los realizados por Guilford (1968) y
sus colaboradores. Las investigaciones, en su mayoría, provienen del área de
la Psicología, se concentran en identificar a los individuos creativos o
con altas habilidades y son de cuño personalizado. Se valen de la
psicometría y se distancian de los enfoques socio históricos, como si el
sujeto se constituyera en el vacuo. También hoy hay una tendencia del
estudio de la creatividad volcada hacia la arte terapia y a las
posibilidades de esta área contribuir para la calidad de vida,
principalmente de portadores de necesidades especiales.
Se entiende que el
desarrollo del proceso creativo en la formación del individuo es importante
por lo que contribuye, tanto para su humanización, cuanto para la
comprensión de un ser / estar cultural, sendo la enseñanza del arte uno de
los campos privilegiados para desencadenar estas funciones. Posibilita, como
señala Martins (1998), un modo único de despertar la conciencia y nuevos
modos de sensibilidad. De hecho, el hacer artístico, aliado a la educación
de los sentidos y al saber ver y apreciar, podrá resultar en la construcción
de una conciencia estética capaz de captar cambios y aún impulsarlos. Sobre
este aspecto Barbosa (1998, p. 18) observa que “a través de la apreciación y
de la decodificación de trabajaos artísticos desarrollamos fluencia,
flexibilidad, elaboración y originalidad – procesos básicos de la
creatividad.
Duarte Jr. (1988)
designa esta apreciación como dimensión estética de la educación, la cual
envuelve un sentido más allá del apreciado, proporcionando un tipo especial
de conocimiento que solamente puede ser construido a través del arte. Este
conocimiento también es llamado de alfabetización estética, sendo que la
educación, al contribuir para ese proceso de forma creativa, interrelaciona
producción artística, apreciación estética e información histórica, esto es,
medía la concientización cultural, una de las matrices de la ciudadanía.
Según el punto de
vista de la enseñanza del arte con enfoque creativo, Barbosa (1998) tras una
importante e inusitada contribución al entender que el ciclo creador no se
agota en el hacer. Al remitirlo, también, a la apreciación y a la lectura de
imágenes, apunta para otra visión de la creatividad, abriendo camino para
una nueva mirada sobre el proceso creativo, hasta entonces centrado en la
producción. Tal actitud desvela una interesante perspectiva educativa en el
ámbito de la enseñanza y del aprendizaje y provoca a los(as) educadores(as)
a reflexionar sobre las prácticas vigentes en lo que si refiere a las
relecturas. Estas, actualmente desviadas de su enfoque inicial, es decir, la
necesidad de acercar el arte producido a lo largo del tiempo a infantes y
jóvenes con el objetivo de comprender la cultura y establecer relaciones
para construir conocimiento en esta área, las relecturas han servido para
una mera reproducción de la faena ajena.
¿Podemos leer
creativamente las imágenes de nuestra cultura visual? ¿Qué procedimientos
adoptar para un acercamiento / apreciación creativo de las imágenes del arte
y del cotidiano?
Estas son indagaciones
necesarias para calificar la lectura creativa y para alejarse del
encasillamiento que se observa en muchas acciones docentes: el(la)
profesor(a) presenta los artistas consagrados – legitimados por la cultura
hegemónica – los de su preferencia – legitimados por su gusto personal. Y,
enseguida, los alumnos son invitados a producir un trabajo artístico a
partir de la imagen estudiada, lo que casi siempre resulta en una profusión
de “tarsilas” y “portinaris”.
A pesar de las conquistas ya alcanzadas en la enseñanza del arte, si nota
que las actividades todavía se apoyan en el modelo citado arriba o,
entonces, se concentran en el diseño, recorte / colage y experiencias sin
significado, despegados tanto de la realidad cuanto de la demás actividades
escolares.
Para revertir ese
cuadro es necesario que profesores y profesoras tengan conocimiento sobre el
proceso creativo y vivencien el hacer artístico asociado al estudio teórico
de la creatividad. Con un repertorio de referencias conceptuales y prácticas
sobre el asunto, será posible construir nuevos caminos pedagógicos que
contemplen propuestas apropiadas de mediación.
La participación
espontánea o el acaso no son suficientes para asegurar la comprensión o la
construcción de conocimiento. Las actividades escolares se justifican a la
medida en que se entiende que existen ciertos aspectos importantes que sólo
serán desarrollados satisfactoriamente con acciones especialmente
organizadas para este fin y ejecutadas de acuerdo a un plan determinado.
Según Coll (1994, p. 124) “son actividades que se encuentran a servicio de
un proyecto educativo”, en el cual deben estar explícitas las intenciones
que lo mueven y los procedimientos más adecuados, o que, entretanto, no lo
hace cerrado, sino abierto a las contribuciones de los implicados. En este
sentido, desarrollar procesos creativos como un proyecto educacional
requiere especificar los principios (¿por qué hacemos?), los aprendizajes
(¿qué haremos?), los procesos (¿cómo lo haremos?) y los propósitos (¿para
qué lo hacemos?), por los cuales se pretende – en la interacción – construir
determinados conocimientos.
Se cree posible
potenciar el pensar / hacer creativo a partir de un enfoque en los factores
que teóricos como Guilford (1978), Lowenfeld (1977), Alencar (1995) y otros
presentaron como principales indicadores de este constructo:
-
La fluencia
(posibilidad del sujeto presentar muchas ideas)
-
La flexibilidad
(posibilidad del sujeto presentar variabilidad o cambio en las ideas)
-
La originalidad
(posibilidad del sujeto presentar ideas singulares, inusitadas o
discrepantes).
Estos factores,
denominados de pensamiento divergente, además de otros, como la sensibilidad
a los problemas, elaboración y redefinición, hacen parte de la base teórica
de las investigaciones sobre la creatividad. Aliados al estudio del proceso
creativo, del análisis de la producción realizada y de las reflexiones sobre
las nuevas propuestas de la enseñanza artística con enfoque en la
comprensión de la cultura, defendidas por Fernando Hernández, por ejemplo,
podrán generar otras prácticas pedagógicas.
En la escuela, el
énfasis todavía recae sobre la respuesta correcta, la única solución para
determinado problema, y otras acciones que se caracterizan por un
pensamiento convergente. Así, el énfasis en la divergencia es una
competencia a ser construida entre profesores, alumnos y toda la comunidad
escolar.
Para la revisión y
elaboración de nuevos enfoques en el desarrollo de la creatividad en la
enseñanza de arte que añada a nuestras prácticas educativas las conquistas
ya efectuadas en el campo de los estudios culturales y de las reflexiones
socio críticas, se hace necesario ampliar los estudios existentes y proponer
nuevos encaminamientos apoyados en fuentes teóricas actualizadas, en
investigación del modo cómo nuestros alumnos se construyen creativamente y
cuáles los direccionamientos de este proceso.
Una buena pregunta
para concluir este texto es: ¿para qué y para quienes crean nuestros alumnos(as)? Quizás juntos encontremos en las respuestas las bases para pensar en
cambios de rumbo en los conceptos que tenemos sobre la creatividad y del
proceso creativo que tomen en cuenta lo que nos señala Fayga Ostrower en el
párrafo que abre estas reflexiones: el hacer creativo es acompañado por un
sentimiento de responsabilidad, pues se trata de un proceso de
concientización. Como tal, constantemente nos convoca a repensar
nuestros itinerarios pedagógicos y nuestro compromiso social con acciones
provocadoras de singularidades, pluralidades, alteridades, diversidades.
-
La fluencia
(posibilidad del sujeto presentar muchas ideas)
-
La flexibilidad
(posibilidad del sujeto presentar variabilidad o cambio en las ideas)
-
La originalidad
(posibilidad del sujeto presentar ideas singulares, inusitadas o
discrepantes).
Estos factores,
denominados de pensamiento divergente, además de otros, como la sensibilidad
a los problemas, elaboración y redefinición, hacen parte de la base teórica
de las investigaciones sobre la creatividad. Aliados al estudio del proceso
creativo, del análisis de la producción realizada y de las reflexiones sobre
las nuevas propuestas de la enseñanza artística con enfoque en la
comprensión de la cultura, defendidas por Fernando Hernández, por ejemplo,
podrán generar otras prácticas pedagógicas.
En la escuela, el
énfasis todavía recae sobre la respuesta correcta, la única solución para
determinado problema, y otras acciones que se caracterizan por un
pensamiento convergente. Así, el énfasis en la divergencia es una
competencia a ser construida entre profesores, alumnos y toda la comunidad
escolar.
Para la revisión y
elaboración de nuevos enfoques en el desarrollo de la creatividad en la
enseñanza de arte que añada a nuestras prácticas educativas las conquistas
ya efectuadas en el campo de los estudios culturales y de las reflexiones
socio críticas, se hace necesario ampliar los estudios existentes y proponer
nuevos encaminamientos apoyados en fuentes teóricas actualizadas, en
investigación del modo cómo nuestros alumnos se construyen creativamente y
cuáles los direccionamientos de este proceso.
Una buena pregunta
para concluir este texto es: ¿para qué y para quienes crean nuestros alumnos(as)? Quizás juntos encontremos en las respuestas las bases para pensar en
cambios de rumbo en los conceptos que tenemos sobre la creatividad y del
proceso creativo que tomen en cuenta lo que nos señala Fayga Ostrower en el
párrafo que abre estas reflexiones: el hacer creativo es acompañado por un
sentimiento de responsabilidad, pues se trata de un proceso de
concientización. Como tal, constantemente nos convoca a repensar
nuestros itinerarios pedagógicos y nuestro compromiso social con acciones
provocadoras de singularidades, pluralidades, alteridades, diversidades.
Bibliografía
Alencar,
Eunice Soriano. Criatividade. 2. ed. Brasília: Editora da Universidade de
Brasília, 1995.
Barbosa,
Ana Mae. Tópicos utópicos. Belo Horizonte: Editora C/Arte, 1998.
Coll,
César Salvador. Aprendizagem escolar e construçâo do conhecimento. Porto
Alegre: Artes Médicas, 1994.
Cupertino,
Christina M. B. Criatividade, experiência estética e formaçâo
profissional, In: Congreso Internacional de Creatividade, Criatividade,
para quê?, 1, 1998, S
ão
Paulo. Anais... São
Paulo: UNESP, 1998, p.55-58.
Duarte
Júnior, João
Francisco. Fundamentos estéticos da educação.
Campinas, SP: Papirus, 1988.
Fusari,
Maria Felisminda R.; Ferraz, Maria Heloisa. Arte na educação
escolar. São
Paulo: Cortez,1992.
Guilford,
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Hernández,
Fernando. Cultura visual, mudança educativa e projeto de trabalho. Porto
Alegre: Artes Médicas, 2000.
Lowenfeld,
Vicktor; Brittain, W. Lambert. Desenvolvimento da capacidade
criadora. São
Paulo: Mestre Jou, 1977.
Martins,
Mírian Celeste et al. Didática do ensino da arte: a língua do mundo:
poetizar, fruir e conhecer arte. São
Paulo: FTD, 1998.
Ostrower,
Fayga. Acasos e criação
artística. Rio de Janeiro: Campus,
1990.
Silva,
Cláudia J. Criatividade: bem-me-quer, mal-me-quer. In: Alencar,
Eunice S.; Virgulin, Angela. Criatividade: expressão
e desenvolvimento. Petrópolis, RJ: Vozes, 1994.
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