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Educación: "Más vale
prevenir que curar" [Este artículo aparece en Internet porque a los diarios de distribución nacional (en España) no les interesa publicarlo por motivos obvios –los medios de comunicación, pero no necesariamente los impresos- tienen mucha culpa de la situación creada]
Como todos los años, también éste, el tema de la educación asume el papel
protagonista de siempre. El alto grado de fracaso escolar es un tema
candente, muy preocupante por cierto, y todo el mundo se halla empeñado en
sugerir correctivos para una situación tan poco satisfactoria. Con ello
asumimos una actitud que viene a ser habitual en todo el mundo, y que se va
acentuando en los últimos lustros: constantemente corremos detrás de
correctivos para paliar situaciones que eran previsibles pero que, por
conveniencias del momento, no se atacaron de frente en su día. Recientemente
se dieron los últimos toques a una nueva ley de Educación, la LOE (a este
ritmo, España será sin duda campeona en leyes de educación por lustro), en
la cual el énfasis se pone una vez más sobre el marco y no sobre el
contenido, cuando creo que lo inverso sería más indicado. Antes de entrar en materia, conviene que recordemos algunos hechos significantes: 1) Recientes estudios antropológicos confirman que en la pre-historia fueron los sonidos que hicieron posible la comunicación entre los seres humanos primitivos. Sin esa “música”, la evolución del ser humano hacia lo que somos hoy en día hubiera sido imposible. 2) Lo sucedido en Venezuela en los últimos 20 años, donde 250.000 (sic) niños pobres aprenden a tocar un instrumento musical, porque los políticos allí han comprendido que formar musicalmente a un ser humano es más barato, ya que esto garantiza que no se convertirán más adelante en gamberros. ¡Sabemos muy bien lo que cuesta a un país controlar a sus gamberros y reparar las consecuencias de sus gamberradas! Veamos: los niños
de hoy no se parecen ya en nada a los niños de hace solamente 30-40 años.
Hace un año, leí en la edición catalana del diario El País un
excelente escrito donde el autor se preguntaba, con toda la razón, por qué
cuando él iba al colegio, la ortografía correcta no planteaba ningún
problema, cuando hoy en día es uno de los mayores escollos con que se
enfrenta el profesorado. Si, además, los métodos de enseñanza han mejorado
durante estos últimos lustros, justamente lo contrario debería haber
ocurrido. Quiero empezar con mis reflexiones desde la prehistoria. Si el hombre de la cueva, hace miles de años, no hubiera aguzado su oído para escuchar los ruidos de su entorno, se hubiera quedado sin comer: solamente prestando mucha atención a los ruidos de los animales que lo rodeaban, tenía alguna posibilidad de cazar lo necesario para su supervivencia. Y esto lo aprendió desde la tierna infancia. Un ejemplo moderno, descrito recientemente, atestigua con eficacia científica, que en esta materia, nuestros genes no han cambiado. Se ha descubierto que hay una etnia, la que habla chino mandarín, donde un 51% de la población posee oído absoluto, comparado con 1 en 50.000 o hasta 100.000 en los países occidentales. Para el lego explico, que el oído absoluto es la capacidad de poder reconocer la nota que suena, o cantar correctamente a primera vista, si se ha estudiado música. En rigor, no es importante para el hombre de la calle tener o no tener oído absoluto. Lo que sí es importante es saber porqué estos chinos poseen este don en tan alto grado, en comparación con los demás. La explicación es sencilla: en su idioma, una sílaba – digamos “ma” – entonada en diferentes tesituras (muy bajo, bajo, más alto o muy alto) significa 4 palabras diferentes. O sea, que para hacerse entender, deben “oír” desde temprana edad como se “entona” esta sílaba. Todo el mundo sabe que se aprende a hablar desde los dos años de edad, e inclusive antes. Conclusión: el oído juega un rol importante en la formación del niño. El cerebro, a esta edad, es una esponja que absorbe todo, cosa esencial para el futuro desarrollo del individuo, y el ejemplo citado lo ilustra de forma perfecta. De paso diremos aún, que los chinos – precisamente por el aprendizaje precoz de su complicado idioma – le están ganando la partida al resto del mundo, sobre todo en disciplinas difíciles, como, por ej., el aprendizaje del violín. Para confirmar todo lo que antecede, resulta revelador un reciente estudio científico, comparando resultados escolares entre alumnos que hicieron música con testigos que no lo hicieron, de 3-6 años de edad, cuyos resultados se pueden leer (en inglés) en http://new.bbc.co.uk/2/hi/health/5362670.stm Quisiera citar otro
ejemplo, esta vez más bien negativo, para ilustrar la importancia del oído
en la formación del ser humano. Me refiero a la música popular
norte-americana. Ya hace ahora más de un siglo, que esta música es
estrictamente binaria. No hay valses, y ni hablar de ritmos más complejos –
como por ejemplo el 5/4 del zorcico vasco. O sea, que desde que nace, el
niño americano solamente oye los ritmos binarios más sencillos – 1,2,
1,2, 1,2, 1,2 o 1,2,3,4, 1,2,3,4, y así
sucesivamente. Hace pocos años se hizo un estudio psicológico sobre esto,
comparando la sensibilidad rítmica de los norteamericanos con la de pueblos
balcánicos. El resultado fue, desde luego, muy negativo para aquellos. Y qué
decir de las deliciosas melodías de los años ’40 o ’50 que salieron de
Broadway, y que aún hoy son famosas. ¿Hay alguna melodía compuesta en USA,
recientemente, que pueda competir? ¿Hay en todo esto alguna coincidencia con
la estulticia que hace posible que la política americana sea líder en querer
combatir fallos en vez de prevenirlos? Enfrentados al
nuevo cariz de nuestros adolescentes, del cual los medios públicos de
difusión – dominados precisamente por esos mismos americanos –son en gran
parte culpables-, llego a la conclusión que lo único que podemos hacer es
tratar de que nuestros “peques” vuelvan a ser como antes, como hace 30-40
años. Por todo ello, el
remedio que propongo es muy sencillo: todos los niños, desde los tres
hasta los seis años de edad, deben entrar en un jardín de infantes, o en
“pre-escolar”, y allí el juego rítmico y musical debe tener un rol muy
importante, para no decir preponderante, con prácticas diarias. Habrá que explicar a los padres que con el método arriba expuesto nadie pretende que los críos se conviertan luego en músicos: se utiliza la música para entrenar las mentes juveniles para que luego les sea más fácil dominar las demás materias, y así poder enfrentarse mejor a los retos de una buena educación. Hace poco leímos la
noticia que el celebrado músico, el maestro Daniel Barenboim, está creando
en Berlín un jardín de infantes musical, para niños de 3-6 años de edad. El viejo proverbio
“Más vale prevenir que curar” tiene, como siempre, plena vigencia.
Juan Krakenberger ( www.j-krakenberger.org ) |
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